No perdió la identidad
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River ganó un partido clave para tomar la punta del campeonato. La remontada en el Nuevo Gasómetro no fue casual, se respetó una idea y la desventaja en el marcador no modificó el panorama.
| Foto: Infobae.com |
La victoria en el Bajo Flores nació desde la presión en bloque de los mediocampistas y delanteros. Gracias a este pressing, River defiende lejos del arco ya que el rival no llega cómodo a la mitad de la cancha. Cuando apuró a San Lorenzo lo obligó a salir con un pelotazo largo o arriesgarse a ser apretados por los mediocampistas; pocas veces salió "limpia" la jugada de los de Bauza. Es cierto, Mauro Matos ganó en el aire una enormidad de lanzamientos de sus defensores, pero siempre quedó aislado de sus compañeros y esas pelotas que bajaba terminaban en posesión millonaria.
El nivel de concentración y los reflejos de Kranevitter, Rojas y Sánchez marcan la diferencia en la zona central del campo, allí donde dicen los sabios que se juegan los partidos. Frente a una de las mejores dupla de centrocampistas del fútbol sudamericano como Mercier-Ortigoza, el medio del Más Grande se lució. El toque corto, la velocidad de piernas y la precisión de los tres jugadores de River logró evitarlos y anular una de las bases del rendimiento azulgrana.
Otra pieza clave resultó Leonardo Pisculichi. El ex Argentinos está en un nivel alto y cumple un papel de nexo entre los centrocampistas y los atacantes del elenco riverplatense. Sin llegar a ser enganche, juega libre detrás de Mora y Teo. Además colabora enormemente con Kranevitter y compañía cuando retrocede al círculo central a buscar la pelota en defensa.
En la última línea, Jonathan Maidana (ojalá la lesión no sea grave) ordena a sus compañeros y resulta un pilar del equipo con su velocidad y corte. Ayer no fue la excepción y Johnny tuvo que lidiar con la potencia de Matos, Cauteruccio y además salir jugando por abajo. Ese primer pase, a Kranevitter, que representa el ex Los Andes en el contragolpe es lo que diferencia una salida limpia de una pelota dividida.
Más allá del resto del equipo, hay un nombre propio que resalta de entre sus compañeros: Teófilo Gutiérrez. El barranquillero está en racha y capitaliza al máximo cada oportunidad de gol que le crean sus compañeros. También demuestra su clase cuando baja unos metros y se hace cargo de la gestación de las jugadas. Si para muestra basta un botón, el colombiano ayer dejó dos perlitas que evidencian su calidad: un control y giro en el área con el borde del pie, y un contragolpe en el que enganchó -Mercier pasó de largo- y metió un cambio de frente de 40 metros directo al pecho de Pisculichi que esperaba en el área.
El análisis de la victoria recae entonces en lo mismo que en los partidos anteriores: el toque corto, las subidas de los carrileros, una presión extraordinaria, contragolpes asesinos, una defensa sólida, un mediocampo implacable, un arquero seguro, Etc. Todo eso es cierto, pero ayer se agregó un nuevo ítem: la identidad que no se negocia. Porque arrancar perdiendo a los 5 minutos en la casa del campeón de América (escenario sin victorias de River en 10 años por torneos locales) y no desesperarse, seguir jugando a lo mismo, es para remarcar.