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Supercopa 1997: última copa ganada en casa

17 años pasaron de la última consagración de River a nivel internacional en el Monumental. Núñez se había vestido de fiesta para la ocasión, como lo hará el próximo miércoles.


Noche deseada, mágica, gloriosa, lo fue la del 17 de diciembre de 1997, cuando el Millonario brilló en lo más alto de Sudamérica tras quedarse con la última edición de la Supercopa Sudamericana, que juntaba a los campeones de la Copa Libertadores. Un equipo que llevaba el gen riverplatense por donde se lo mire, en diez encuentros disputados marcó 22 goles. River ganaba, gustaba y goleaba.

Germán Burgos, Hernán Díaz, Celso Ayala, Eduardo Berizzo, Diego Placente, Leonardo Astrada, Roberto Monserrat, Juan Pablo Sorín, Marcelo Gallardo, Enzo Francescoli y Marcelo Salas. Esos fueron los once gladiadores que salieron a conquistar el quinto título internacional para el más grande. Ramón Díaz lo vivió desde el banco, y en cada encuentro seguramente imaginó tener puesto una galera y un bastón, representando el paladar negro.

La copa comenzó excelente para River, en el grupo ganó cinco partidos (3-2 vs Racing, 3-2 vs Santos, 5-1 vs Vasco Da Gama, 3-2 vs Racing, 2-0 vs Vasco Da Gama) y perdió solo uno (2-1 vs Santos, en Brasil). Al acceder a las semifinales enfrentó a Atlético Nacional, y lo eliminó tras ganar en Buenos Aires 2-0 y luego caer en Medellín 2-1. 

En la final el Estadio Monumental estaba repleto, luego de empatar 0-0 en Brasil con San Pablo, aproximadamente 70 mil almas alentaron hasta el último aliento al equipo Millonario en el encuentro de vuelta. La euforia, locura y alegría desbordaron esa noche las tribunas. El penal que Rogerio Ceni le atajó a Enzo Francescoli no impidió los festejos, ya que el Chileno Salas se lució y marcó por duplicado esa noche para poner el encuentro 2-1.

La alegría era roja y blanca. La noche era eterna. River en lo más alto del continente. Núñez en la cima de Sudamerica, en la mira del mundo entero. Estamos a días de poder seguir escribiendo las hojas de ese viejo libro que comenzamos hace mucho tiempo, de continuar la leyenda, de volver a hacer historia. No alcanzan las tribunas, no alcanzan las entradas para la próxima final. El Gallinero se vestirá de fiesta, esperando tocar el cielo con las manos nuevamente, esperando gritar como hace 17 años.

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